Una pluma estilográfica es una pluma utilizada para escribir, compuesta por un depósito de tinta y un plumín. La tinta líquida fluye hacia el plumín a través de un sistema de distribución que combina gravedad y capilaridad.

Las invenciones de las «plumas sin fin» se sucedieron a lo largo del siglo XIX, pero ninguna fue capaz de proporcionar una calidad de escritura suficiente. Los problemas físicos ligados a la conducción de la tinta desde el tanque hasta el plumín son muchos: problemas de capilaridad, viscosidad de la tinta, gravedad, cambios de temperatura, etc. se suman. Las soluciones patentadas durante el siglo XIX eran todas extremadamente elaboradas y sustancialmente inútiles. Algunos proyectos preveían una multiplicidad de válvulas y pistones que debían regular, línea por línea, el flujo de la tinta. Debido a su imperfección, todas estas patentes se denominan «prototilográficas».

A pesar de la existencia de varios precursores, es muy común escuchar que la fecha de nacimiento de la pluma estilográfica moderna fue alrededor de 1883, cuando Lewis Waterman, con la invención del alimentador multicanal, comenzó el desarrollo de lo que se proclama como el primer modelo de pluma estilográfica verdaderamente funcional y fiable. En realidad es una verdad muy parcial, ya que en aquella época ya existían modelos de plumas estilográficas, aunque ciertamente el impulso del invento de Waterman fue muy importante, también por la contribución que la empresa hizo en la industrialización de la producción.